Aldea San Efrén, Concepto

La historia universal muestra las diversas facetas de una persona en particular o del género humano en general, los mares sobre los cuales navegamos y naufragamos.

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Transcurría el mes de marzo, cerca de Barcelona, cuando golpeamos a la puerta. Este umbral marcaba el inicio de un retiro de siete días, donde organizadamente en cada día acordaríamos el nombre de un libro: un viaje, siete días, siete libros, siete monjes reunidos para compartir este proyecto. Los siete días se hicieron quince, los siete monjes se transformaron en once, los libros sumaron doce. La historia universal muestra las diversas facetas de una persona en particular o del género humano en general, los mares sobre los cuales navegamos y naufragamos. Al estudiar detenidamente a estas personas convertidas en hitos -como Godofredo de Bouillon, Angelus Silesius o Hildegarda de Bingen- podemos aprender rápidamente: cómo se estructuran las sociedades, cómo son los arquetipos existentes, cómo somos y cómo no deberíamos ser. Es así que, de la mano de los integrantes de Aldea Urbanizaciones, nace la “Biblioteca de San Efrén”, donde estarán disponibles doce libros incunables, libros dirigidos a formar Reyes y Príncipes, hombres valiosos y humildes.

Flor de Liz
Un Rey Merovingio camino al campo de batalla se enfrenta a su primera dificultad: cruzar un rio desconocido. Ve el pañuelo de su esposa, inspira su recuerdo y deposita en Dios su destino, mira al cielo y dice: “No a mi Señor, a Tu nombre da la Gloria”. Contemplativo, con la mirada inquieta, en búsqueda del fundamento de su Esperanza, halla un sendero marcado por bellas flores de lis que flotaban en la superficie. Sin pensar, el portador de un escudo esmaltado en púrpura, irrumpe en el agua, confiado y firme, lleno de Fe, abandonado al Espíritu. Al final del cruce, ya victorioso antes de luchar, recibe de la mano de un Ángel, en recuerdo y por premio a su fidelidad: una flor de lis de oro sobrenatural. A su muerte encomienda, a uno de sus siete hijos varones, que la flor sea dividida en cinco pétalos y llevados a monasterios, desde las Galias y en diferentes direcciones. Hoy, en nuestros días, cuentan las “historias” que un grupo de hombres de América Latina custodian a uno de estos pétalos.